EL PAYASO

Si les hablara de viajes en el tiempo ¿Qué pensarían ustedes?

Seguramente se nos vendría a la mente alguna de aquellas  películas de la década de los ´80 como  “Back to the future” con su clásico, aunque remodelado  DeLorean DMC-12 en el que Doc. y su joven asistente Marty Macfly emprendían los viajes más fascinantes por el espacio/tiempo. O como olvidarnos de aquel otro film “Pídele al tiempo que vuelva” donde el protagonista, perdidamente enamorado del antiguo retrato de una joven de otra época, se propone transportarse físicamente a aquel pasado para encontrarse con ella.

Memorables películas que hasta el día de hoy no nos cansaremos de ver pero… ¿Y si esto que expongo fuera algo más que ciencia ficción?

Si nos ponemos a investigar con profundidad, existen numerosos casos que afirman haber mantenido relación con personas de otro tiempo. El mismo Nikola Tesla, inventor y precursor de muchos de los aparatos electrónicos que hoy manejamos a diario dijo: “Pude ver el pasado, el presente y el futuro, todo al mismo tiempo. Un hombre que por su trayectoria demostró por aquel entonces, estar un paso más adelante que cualquiera de su época ¿Cómo desmentir entonces aquella frase?

Existen millones de casos en los que las personas cuentan haber vivido como en “sueños” momentos en pasados desconocidos, pero tan reales que harían dudar si en verdad estaban dormidos o despiertos. Hay quienes incluso demuestran haber atisbado una parte de lo que el futuro nos depara y ¡Oh casualidad! Se cumplió.

Expandan sus mentes y sus corazones, vean más allá de esas antiguas creencias donde lo increíble solo es producto de la ciencia ficción. Quizás solo baste proponérselo con conciencia. Enfocarse constantemente en una de esas líneas temporales para contactarnos telepáticamente y por qué no, materializarnos en algún lugar físico, aunque sea sólo por una fracción de segundo.

* Aquella noche de riguroso invierno, al acostarme soñé-debo, si, haberlo soñado, aunque a mí me parecía que estaba en vigilia- y fue así:

 Escuché sonar el timbre de mi puerta. Mi habitación en luz permitió levantarme rápidamente y correr para abrir y enterarme del intempestivo llamado.

 Atravesé mi taller de pintura: nervioso abrí, y me encontré con un chico vestido de marinero, niño de otra época, el que penetró corriendo  hasta tomar un payaso de trapo que me acompaña desde hace años, y entre estrujones y arrojos al aire lo destrozó quedando con un brazo de mi pobre “Co-Co” entre las manos.

Cuando me disponía a protestar, apareció de pronto un tío mío fallecido ya años, y él me dijo: Qué de cosas lindas tienes en éste, tu simpático estudio; me agradan mucho, pero el chico se quiere llevar el payaso.

 ¡No! – protesté enérgico-. Eso nunca porque mi payaso me acompaña desde niño

Entonces, mi tío, dirigiéndose al niño, le dijo: Vamos, hijo, hemos venido inútilmente.

 Yo, sentido, les acompañe hasta la puerta de salida y ambos tomados de la mano se fueron.

Desperté con cierta sensación de realidad no soñada y, sin pérdida de momento, corrí al lugar del sueño, y quedé  atónito. La puerta que yo había cerrado antes de retirarme a dormir, estaba abierta… y el payaso, con el brazo desprendido, se hallaba en el suelo.

 Quise explicarme. Tal vez, pensé, pude dejar la puerta abierta, pero ¿y el payaso roto?

 Años después, una tarde, arreglando papeles y retratos viejos, con sorpresa hallé uno: era el niño de marinero, el de mi alejado sueño, y ese niño era yo.

Cada una de estas experiencias psíquicas fueron publicadas y extraídas de la revista «Conocimiento de la nueva era», del apartado «Otras voces – Otros mundos»  Son transcripciones originales de los manuscritos personales de Benjamín Solari Parravicini